sábado, 31 de mayo de 2014

Obsolescencia Programada


En el documental Comprar, tirar, comprar se habla de la historia de la obsolescencia programada y de varios puntos de vista sobre el tema y como deberían solucionarse los problemas que ocasiona. A continuación puedes ver el documental completo:
Se denomina obsolescencia programada a determinar el momento en el que cierto producto debe dejar de funcionar o debe quedar obsoleto con el fin de aumentar la producción. La primera vez que el término fue publicado fue en 1932 en el libro de Bernard London, en el que expuso que la obsolescencia programada era necesaria para salir de la crisis que tenía lugar en Estados Unidos en aquel momento. Sin embargo en 1924 la obsolescencia programada ya se daba lugar en la bombilla. Desde entonces ésta técnica se ha seguido utilizando sin cesar.
Esto ha derivado en una sociedad consumista, que ha derivado a su vez en numerosos problemas como es la acumulación de residuos tóxicos. A continuación se resumirán los puntos de vista sobre éste tema de tres expertos: Serge Latouche, John Thackara y Michael Braungart.
Serge Latouche: Desde su punto de vista nuestra sociedad consumista  quiere crecer económicamente, no para satisfacer necesidades, sino simplemente para crecer. Esto requiere de una producción sin límites y, por lo tanto, un consumo ilimitado. Evidentemente esto es insostenible en un planeta como el nuestro, con recursos finitos. Por ello es un crítico radical del consumismo y del crecimiento sin límites que está establecido hoy en día en nuestra sociedad.
Latouche compara la sociedad de crecimiento con un coche sin piloto, que va a toda velocidad y que está destinado a chocarse contra un muro o caer por un precipicio. Esto claramente quiere decir, que si seguimos despilfarrando los recursos de la Tierra en nombre del crecimiento, nuestro sistema económico colapsará en algún momento por la falta de recursos.
Para él, la única solución a este problema es el decrecimiento y un cambio en la forma de pensar que tiene la gente. Para que se produzca este decrecimiento la palabra clave es reducir. Hay que minimizar la huella ecológica, el despilfarro, la sobreproducción y el sobreconsumo. Además aclara que esto no quiere decir que haya que volver a La Edad de Piedra, sino que hay que vivir como en la Francia de los años 60.
Concluye diciendo que el consumismo en el que vivimos no nos trae la felicidad, sino que podría llegar a ser una relación inversamente proporcional. Es decir, cuanto más nos vemos llevados a consumir, más infelices somos.
John Thackara: Según él nuestra vida se basa en pedir créditos para comprar cosas que realmente no necesitamos, cosa que para él no tiene sentido. Cree que las cosas tienen que cambiar ya que no es correcto que para reactivar la economía sea necesario consumir cada vez más. En su lugar deberíamos imitar a países como India o continentes como África, en los que es impensable tirar algo simplemente porque no funciona; allí en lugar de tirar aquello que no funciona intentan reparar todo lo que se ha roto por muy difícil que sea. Piensa que deberíamos hacer esto porque la mayoría de lo que tiramos son residuos no biodegradables. Estos residuos no se descomponen y por lo tanto no desaparecen y se acaban almacenando. Este es uno de los mayores problemas hoy en día, no sólo porque son dañinos para el medioambiente, sino porque no quedan sitios donde almacenarlos y son un gran problema en algunos países, como Ghana, mencionado en el documental. Por todo esto Thackara cree que se debería desarrollar un consumo sostenible.
Además propone volver a estar vinculados a actividades que no tengan nada que ver con los objetos, como las relaciones sociales o la tierra, ya que cree que cada vez más los objetos determinan nuestra identidad y autoestima por culpa del consumismo.
Michael Braungart: Es el creador del concepto de la cuna a la cuna.  Éste concepto se basa en que si las fábricas funcionaran de la misma forma que la naturaleza, la obsolescencia programada no tendría sentido. Explica que, al igual que la naturaleza, las fábricas podrían producir abundantemente si los residuos fueran biodegradables. Estos residuos podrían compararse con las hojas secas, que sirven de nutrientes para otros organismos.
Por otra parte demostró que de la cuna a la cuna no es algo meramente teórico, sino que se puede realizar. Él eligió llevar a cabo éste método de producción en una empresa textil. Después de comprobar que a las telas se les añaden cientos de químicos tóxicos se puso en marcha y desarrolló tejidos con tan sólo treinta y seis productos químicos, y todos ellos biodegradables. Lo bueno de éste método es que no es aplicable sólo a la industria textil, sino que cree que se podría aplicar a cualquier proceso productivo.
Su conclusión es que si nuestra sociedad solo produjera nutrientes, la obsolescencia programada se convertiría en algo completamente diferente.
Po todo lo mencionado anteriormente creo que su postura ante el consumismo es producir de forma sostenible.


Mi conclusión es que sin duda la forma en la que producimos tiene que cambiar, puesto  que los recursos son limitados y puede que nosotros no estemos para ver qué puede pasar cuando éstos se acaben, pero debemos pensar en las generaciones futuras, en aquellas personas que actualmente sufren las consecuencias de nuestro ritmo de vida y en todos los seres vivos que no tienen nada que ver con la sociedad consumista en la que vivimos. De lo contrario, citando a Mike Anane, las generaciones futuras no nos lo perdonarán.

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