lunes, 9 de junio de 2014

Hilos de diamantes para los ordenadores del futuro


Los hilos de diamante demuestran ser mejores conductores de la información que cualquier otro material, tras el estudio presentado por un equipo de investigadores de la Universidad Estatal de Ohio (EEUU).

El diamante es un mineral duro, transparente, eléctricamente aislante, impermeable a la contaminación ambiental, resistente a los ácidos y no mantiene el calor como lo hacen los semiconductores, por lo que lo convierten en un sustituto perfecto para los cables tradicionales utilizados en electrónica. Por si fuera poco, ahora han podido confirmar que además transmite mejor la información que cualquiera de los metales empleados hasta este momento, ya que su efecto magnético para trasladar la información (espín) haría que los ordenadores del futuro fuesen mucho más rápidos y mucho más potentes.

Esto no conllevaría necesariamente una subida en el precio de los ordenadores, ya que para el experimento desarrollado por los físicos de la Universidad Estatal de Ohio, utilizaron un diamante sintético en vez de uno natural, abaratando considerablemente su coste.

Para llegar a esta conclusión los investigadores colocaron un hilo de diamante pequeño, formado por un átomo de nitrógeno y tres millones de átomos de diamante, en un microscopio con potencia de resonancia magnética y vieron que los estados de espín en el interior del alambre variaban de acuerdo con un patrón. Los electrones no fluían a través del diamante como lo hacen en la electrónica tradicional (girando hacia arriba o hacia abajo) sino que se quedaban en su lugar y pasaban de uno a otro por el cable mediante un efecto magnético llamado "espín".

“Si este cable fuera parte de un equipo, transferiría información. No hay duda de que se podría decir en el otro extremo del alambre cuál era el estado de espín de la partícula original en el principio”, afirma Chris Hammel, experto en Física Experimental de la Universidad Estatal de Ohio.

Los resultados del estudio han sido publicado en la revista Nature Nanotechnology.


MARÍA ARMENTEROS GARCÍA 1ºBACH.B 

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