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miércoles, 4 de junio de 2014

EL SOBREPESO AUMENTA

La epidemia del sobrepeso y la obesidad avanza sin freno alrededor del mundo y ya afecta a unos 2.100 millones de personas en el planeta, casi un tercio de la población mundial. Así lo atestigua un estudio publicado este jueves en la revista médica The Lancet, que alerta de que, entre 1980 y 2013, los índices de obesidad en adultos han pasado del 28,8% al 36,9% en el caso de los hombres y del 29,8% al 38% en el de las mujeres de todo el mundo. El índice de masa corporal de personas con sobrepeso oscila entre 25 y 30, mientras que el de los obesos es mayor de 30.
El estudio, realizado por el Instituto de Mediciones Sanitarias (IHME, en sus siglas en inglés) de la Universidad de Washington, con datos de 188 países durante los últimos 30 años, confirmó un aumento “significativo y generalizado” de las personas obesas y con sobrepeso desde 1980, cuando la cifra total era de 857 millones. “En 30 años, ningún país ha logrado reducir las cifras de obesidad”, apuntó el director del IHME, Christopher Murray.

La epidemia causó 3,4 millones de muertes en 2010, según los expertos
Según la investigación, la epidemia se ha ralentizado entre los adultos de los países desarrollados, pero tiende a desplazarse hacia los jóvenes. La franja de menores y adolescentes con este problema se incrementó casi un 50% en todo el mundo desde 1980. El 23,8% de los varones y el 22,6% de las niñas de países desarrollados tenían sobrepeso o eran obesos en 2013. También la prevalencia de la epidemia se ha incrementado en los jóvenes de países en desarrollo, alcanzando el 12,9% de los niños y el 13,4% de las niñas en 2013. “La obesidad es un problema que afecta a personas de todas las edades e ingresos en cualquier parte”, señaló Murray. El informe concreta que en los países desarrollados, la obesidad afecta más a los hombres, mientras que en las zonas en desarrollo, la epidemia tiene más incidencia entre las mujeres.
Estados Unidos encabeza la lista de países con mayor población obesa, ya que concentra el 13% de la población total que padece esta enfermedad. La superpotencia, Brasil y México suman la mitad del total de personas obesas del mundo.
En España, la obesidad o el sobrepeso afecta a un 27% de los varones menores de 20 años y a un 23,8% de las chicas de esa edad. En adultos, la cifra asciende hasta el 62,3% en hombres y el 46,5% en mujeres.
Los investigadores calculan que la epidemia causó 3,4 millones de muertes en 2010 y las expectativas tampoco resultan muy halagüeñas. “Los estilos de vida modernos y el aumento de la renta disponible”, sumado a la falta de “estrategias efectivas” por parte de los países para frenar la epidemia, asegura el estudio, agudizarán el problema: “Las cifras se incrementarán a medida que aumentan los ingresos en países de renta baja o media”, concluyó Murray.

domingo, 2 de marzo de 2014

Descubren una proteína clave en la transmisión de la malaria

Un grupo de investigadores españoles y otro equipo de ingleses han identificado, de forma independiente, una proteína del parásito de la malaria clave en la transmisión de esta enfermedad. La denominada AP2-G es un componente que activa un conjunto de genes que inician el desarrollo de la forma sexual del parásito Plasmodium. Por culpa de dicha proteína, el Plasmodium se transmite de un humano a otro por la picadura de mosquitos infectados.
Cuando el parásito entra en el organismo humano, invade las células del hígado donde, en una semana, éstas se multiplican y pasan a la sangre, momento en que se empiezan a generar todos los síntomas. En el hígado Plasmodium se reproduce asexualmente y, una vez en la sangre, sólo un pequeño porcentaje de células hepáticas se transforman en forma sexual. Son éstas las que pueden vivir en los mosquitos, es decir, que si no hubiera forma sexual, cuando un mosquito picara a una persona infectada por el parásito de malaria no se contagiaría ni podría diseminar la infección a otras personas.
"Hemos descubierto que lo que controla esa diferenciación sexual es la proteína AP2-G del parásito", afirma Alfred Cortés, profesor de investigación ICREA en el CRESIB, que ha liderado la parte del estudio llevada a cabo en este instituto.
El trabajo, cuyos datos publica la revista Nature y en el que también han participado investigadores del centro ISGlobal de Barcelona, de la Universidad de Princeton y de la Facultad de Higiene y Medicina Tropical de Londres, ha analizado la presencia y activación de esta proteína en el 'Plasmodium falciparum', una de las cuatro especies del género Plasmodium que causan malaria en humanos. En cambio, los investigadores de la Universidad de Glasgow han hecho sus experimentos con el 'Plasmodium bhergei' que infecta a roedores. Ellos han llegado a la misma proteína, tal y como recoge la misma publicación.
"Que dos grupos de investigadores distintos hayamos identificado la misma proteína como causa de esta diferenciación sexual es una confirmación importante", apunta Cortés.
Pero, ¿por qué en algunos parásitos el gen que produce esta proteína se activa y en otros no? Según señala Cortés, el gen se activa en un pequeño grupo de parásitos, entre un 1% y un 5%. "Hemos identificado que se trata de una regulación epigenética, es decir, el hecho de que el gen esté silenciado o activo en una población es debido a fenómenos estocásticos, es decir, no relacionados al azar sino a factores externos no relacionados con el genoma del parásito", explica.
Esta proteína puede ser una potente herramienta para futuros estudios de desarrollo sexual en parásitos de la malaria y abre la puerta a buscar una forma para inactivarla a nivel epigenético. "Ya hay fármacos en el cáncer que actúan sobre la epigenética. Se podría hacer un planteamiento parecido en este caso", señala Cortés.
De esta manera, si lograran controlar esa activación por un lado podrían activar el gen, y así todos los parásitos en el cuerpo de una persona tendrían estadio sexual, lo que acabaría con la infección en el cuerpo, porque sólo genera síntomas en el estadio asexual. Y, por otro lado, la inhibición de los mecanismos epigenéticos serviría para evitar la transmisión de un humano a otro por la picadura de mosquitos infectados.
"Hay un interés renovado en averiguar cómo es la regulación de la transmisión. Las investigaciones ya no están centradas solamente en eliminar la enfermedad tratando al paciente sino que ahora se pone el foco en la transmisión", concluye Cortés.
En la actualidad, más de 3.000 millones de personas viven en 106 países y territorios con un alto riesgo de transmisión de malaria, según los Centros de Control y Prevención de Enfermedades. La Organización Mundial de la Salud estima que hay 207 millones de casos de malaria y en 2012 se produjeron 627.000 muertes por esta infección.

Un test más eficaz para detectar el síndrome de Down.

Hace poco más de un año que llegó a España un test genético que permite detectar el síndrome de Down con un simple análisis de sangre. La técnica -disponible únicamente en hospitales privados- se presentaba como una promesa para mejorar el diagnóstico y evitar pruebas invasivas, como la amniocentesis o la bipsia de corión; sin embargo, aún existe un debate entre los especialistas de Obstetricia sobre cuál es el papel que debe cumplir este procedimiento en el ámbito del diagnóstico prenatal.
Una investigación publicada esta semana en la revista New England Journal of Medicine arroja un poco de luz en este sentido, aunque probablemente tampoco dará por zanjada la cuestión. Según sus datos, la técnica genética tiene un mejor valor predictivo y proporciona una tasa menor de falsos positivos que el cribado estándar que actualmente se realiza en la práctica clínica, por lo que "debería considerarse seriamente como un método primario de 'screening'". Sin embargo, los especialistas consultados por EL MUNDO señalan que hay varios matices a tener en cuenta antes de pensar en la generalización de la técnica como patrón de diagnóstico. Uno de ellos es su coste, que asciende a 695 euros y no está cubierto por ninguna aseguradora médica en nuestro país.
"Sin duda el factor limitante es el precio", reconoce Luis Izquierdo responsable de Genética en Madrid de LABCO, la red europea de laboratorios que gestiona el test en España. Según sus datos, unas 20.000 españolas ya se han sometido al test y "en EEUU está suponiendo una auténtica revolución".
Para Elena Carreras, responsable médico de Obstetricia del Hospital Universitario Vall d'Hebron de Barcelona, el precio no es, en cambio, el único obstáculo. "En mi opinión, es una técnica muy útil, pero no para sustituir al cribado actual, sino para añadir una nueva herramienta al diagnóstico", señala la especialista, quien defiende el valor del procedimiento vigente para la detección de otras anomalías fetales distintas a las trisomías.
Hoy en día, para evaluar el riesgo individualizado que tiene un feto de sufrir síndrome de Down se realiza un cálculo tomando distintos factores. Por un lado, se mide la translucencia nucal del bebé, que es mayor en caso de que exista la trisomía cromosómica. Además, se valoran una serie de biomarcadores presentes en la sangre de la madre, que también resultan alterados si existe la anomalía genética, así como la edad de la progenitora (los años aumentan también el riesgo).
Si el cálculo es superior a uno sobre 250, se sugiere a la madre la posibilidad de someterse a una biopsia de corión o a una amniocentesis, dos pruebas invasivas que entrañan un riesgo de aborto (alrededor del 1%), explica Carreras.
Para esta especialista, es en este punto donde la prueba genética puede ser útil ya que, aunque el procedimiento actual tiene una alta sensibilidad, también es cierto que un cribado alterado no siempre se traduce en una patología real. De hecho, «nueve de cada 10 casos no tienen la trisomía».
Realizar una prueba genética tras una primera sospecha de enfermedad, evitaría muchas pruebas invasivas innecesarias, señala Carreras, quien, con todo, subraya la importancia de mantener los protocolos existentes. En el cribado actual -sobre todo gracias a la ecografía- se 'destapan' otras patologías distintas a las trisomías que detecta el test, subraya.
Por otro lado, tal y como recuerda, el uso de la prueba genética tampoco supone decir adiós definitivamente a la amniocentesis y la biopsia de corión.
"En los casos en los que el test genético da positivo, es necesario someterse a una prueba invasiva para confirmar completamente el diagnóstico", reconoce Izquierdo.
Esto se debe a que el test analiza el material genético del bebé que circula en la sangre de la madre. Como se obtiene poca cantidad, es necesario ampliar la muestra, replicarla, para poder determinar y cuantificar los cromosomas presentes, lo que entraña un riesgo de error. En la gran mayoría de las ocasiones, los resultados se ratifican tras las pruebas invasivas.